razones del silencio

las sombras tienen sed, sed y más sed
            Javir Krahe 
en una cueva
[    calor sofocante   ]
las sombras
parpadeaban
en las paredes

todas tenían
gafas oscuras
porque jugaban
a que se arrancaron
los ojos

cuando me llegó
el turno de hablar
comencé a temblar

Layo me ordenó:
—¡qué hables!

—¿para qué?
—le contesté
—siempre sabes
lo que voy a decir

De viva voz

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One Comment

  • Bello título.
    “jugaban/ a que se arrancaron/ los ojos”, muy valle­jiano, no con­juga el verbo en su tiempo cor­recto, para darle mayor expre­sivi­dad.
    La pre­des­ti­nación de Layo, su vida trazada fuera de su vol­un­tad hace innece­sarias las pal­abras, los diál­o­gos con él, que está con­de­nado a cumplir un cruel des­tino.
    Pareciera que en nue­stro inte­rior, en ese juego de som­bras mor­tal de nue­stro incon­sciente hay unas fuerzas que nos condi­cio­nan y nos pre­des­ti­nan y al pare­cer somos inde­fen­sos espec­ta­dores de ese proscenio.

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