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Un poema es algo que se tiene que decir.

Sán­dor Kányádi

Lo que se tiene que decir per­se­vera y busca for­mas inédi­tas; así bus­camos la purifi­cación, aunque este­mos hechos de las mis­mas sus­tan­cias que nos intox­i­can. Después de casi 30 años, los ver­sos de un cuaderno traspa­pelado vuel­ven a la super­fi­cie. Son de una época de delirio y ensueño –recon­stru­i­dos con la mirada del pre­sente–, cuando me gan­aba la vida encer­rado en una jaula de pare­des alam­bre aje­drez, con­tando, ver­i­f­i­cando y clasi­f­i­cando once mil bil­letes al día. La poesía, esa próte­sis del aliento, no dejaba más reme­dio que artic­u­lar gara­ba­teos sobre el papel, place­bos para el dolor —revés de la feli­ci­dad— que no ha cesado.

3 Comments

  • Wilson Orozco wrote:

    Qué buenos poe­mas: chis­tosos, sonoros, áci­dos.
    Y la lec­tura de nue­stro poeta, exce­lente. Qué refres­cante es escuchar ese acento caleño.
    Muy bien, felic­ita­ciones Armando.
    Cada vez te con­viertes en el gran capo de nue­stro gang­ster­ismo poético.

  • ¿Quién será el Alcapone del par­naso criollo?

  • Gafas perennes, barba canosa, silen­cios cal­ma­dos (a lo Capo), tran­quil­i­dad inqui­etante: si lo ven, ése es. No se ofrece rec­om­pensa (por ahora)

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